miércoles, 19 de septiembre de 2018

El Archivo de Raúl (Tercera Reflexión: Sala III)

Dentro de las manifestaciones del arte contemporáneo, un registro documental o archivo de artista, es central a la investigación y a la práctica de las experiencias creativas, en tanto lo orienta en esa búsqueda personal del saber, o de poner una “mirada de sabiduría sobre sí mismo” -tal como un día opinó Adriano, emperador de Roma, en sus memorias re-escritas por Margarita Yourcenar. 

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.

Pero es más que eso, un archivo refleja la intensidad de vivencias que el individuo crítico-creativo guarda para sí, como piedras preciosas, como si fuesen objetos del deseo sin dejar de lado cierta carga de seducción y erotismo. Adriano, en el libro de Yourcenar, añade: “He soñado a veces con elaborar un sistema de conocimiento humano basado en lo erótico, una teoría del contacto en el cual el misterio y la dignidad del prójimo consistiría precisamente en ofrecer al Yo el punto de apoyo de ese otro mundo”. (Yourcenar. 2003. Traducción de Cortazar. P20).

La palabra y el archivo
El archivo es la palabra eternizada, mientras que la obra de arte va a un museo o a una colección pública o privada, permanecen cerca sus registros, sus anotaciones que resguardan el pensamiento. Así mantiene su producción por años de años, y enciende su espíritu de caminante y constante innovador. (Vuelvo a repetir que en mi caso personal caminar es sinónimo de pensar, analizar, reflexionar, deducir, especular, y, producir conocimiento. No hay innovación y pensamiento crítico, sin una buena andanza catando la sabiduría por todos esos resquicios y recovecos de los caminos del arte.

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.


Importante valorar al observar lo expuesto, al andar por el museo, comparando lo visto con lo que se sabe, experiencia de caminante. Pero, importa qué de aquello me estimula a aprender, al ejercicio constante de cuestionarme como observador lo que se y es aprendido, a internarme en mis cavilaciones acerca de las expresiones de nuestros días. Si la muestra y el archivo es bueno, será asimilado en una abundante y constante reflexión. Y, como lo he sintetizado en varios comentarios: estimula a estar en forma, en estado de (in)formación, o perpetua actitud de aprendizaje, formal e informal.

Ojeada al tiempo pretérito
Explico qué, en mi experiencia personal de comentarista de arte, siempre habrá una mirada crítica al tiempo: En los años ochenta, era asiduo visitante al taller de Pedro Arrieta (1954-2004), me maravillaba que las paredes de su estudio estaban repletas de “piolines”, con citas de grandes pensadores, filósofos, poetas, críticos, artistas. Me preguntaba qué tanto de ese bagaje influiría en él -en tanto arsenal de pensamientos y vestigios del saber universal-, cuánto se palparía en la obra. ¿Cuánto de todo eso lo haría a él?, o por otro lado ¿Cuánto influye la percepción del entorno, en la construcción social que implica el arte: pintura, grabado, dibujo, gráfica, fotografía, impresos? ¿Cómo se expresa? ¿Qué implica el método creativo o práctica artística en el momento de la producción?

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.

La célebre escritora belga-francesa Yourcenar, (citada en los párrafos iniciales), pone en boca del emperador una frase que define la importancia del libro como centro documental de la historia humana. Adriano decía que “El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por vez primera hemos puesto una mirada consciente sobre nosotros mismos”. (citado también por Rosina Cazali en Certezas Vulnerable. 2017. P.45).Y por ello, Adriano afirmaba que su patria eran los libros.

De manera que al visitar la Sala 3 del MADC, el archivo de Raúl Quintanilla Armijo, lo comprendí a sus anchas, pues se exhiben dibujos, grabados, papeles, anotaciones, libros, y sobre todo sus revistas, dispuestas como en un altar que enciende nuestras evocaciones de cuanto hemos visto, oído, tocado, sentido, degustado, como también están a disposición las declamaciones del poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas, que corren en los audios, otra forma de archivo.

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.


Referencia actual al DADA
Quiero decir que todo ese recurso documental me llevó a evocar otros tiempos en la historia del arte, pues el artista, y sobre todo el contemporáneo, pervive en su archivo y producción de insumos de ese mismo carácter. Evoqué en la lejanía del tiempo a Francis Picabia, quien publicó varias revistas muy memorables en el acontecer de las Primeras Vanguardias del arte. En un librito formato miniatura, que publicó Ediciones 1390, con un ensayo de mi autoría titulado DADAISMO (1916 – 2016), celebrábamos el centenario del movimiento, en lo cual expresé: “Uno de los principales caracteres de los dadaístas, el cual permanece aún en el arte de nuestros días, fue el talento editorial de crear publicaciones, producir libros y revistas. El escritor rumano Tristan Tzara publicó en esos años la revista DADA, cuyos dos números iniciales aparecieron en Zurich en 1917, el tercero en 1918, y los 4 y 5 conocidos como la “Antología DADA”, fueron los últimos en publicarse en aquella ciudad suiza, antes de establecerse en París y ser asumida por las revistas surrealistas” (Quirós 2016. P12).

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.

De manera que, avistar hacia esos “altares” del conocimiento, el “Archivo de Raúl”, 2018, forcejeó un cruce de vectores de la memoria y la motivación para hacer, para producir, para ver reflejado el pensamiento propio respecto al arte, y, fundamental, la idea de legar esos registros a las futuras generaciones. Creo que, dentro del encuadre estético y programa de vida de Quintanilla, “No tiene Nombre”, legitima lo que hoy encuentra mayor interés y, que, cada día se adhiere a los aspectos educativos de las muestras e instituciones del arte contemporáneo.

Volviendo a la referencia entresacada de mi ensayo de 2016, ahí agrego:
Otra de esas publicaciones fue la “391”, revista que apareció en enero de 1917 en Barcelona, establecida por Francis Picabia quien publicó las primeras cuatro ediciones hasta 1924. El título deriva del periódico “291” de Nueva York, dirigido por Alfred Stieglizt, en el cual Picabia fue colaborador. Se comenta que la “391” contó con importantes contribuciones de Man Ray y Marcel Duchamp, pero permanecía esencialmente la expresión del ingenioso y enérgico Francis Picabia, quien escribía con un lenguaje agresivo quizás influido por Alfred Jarry y Guillermo Apolinare. Se comenta además que aquel entusiasmo editorial de Picabia, lo llevó a publicar otros proyectos como el “Manifiesto Canival Dadá” aparecido en 1920” (Quirós 2016. P13).

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.

Otros registros
Tuve muy presente en esa visita a la Sala III del MADC, al maestro “nica/tico” Rolando Castellón, con su también impresionante archivo y registro “ARTSéum Zapote y ARTSéum La Garita”, con libros e impresos, instalados con objetos y piezas de su autoría en un continuumen el cual filtra la intensidad de su existencia. Dicho archivo es una verdadera biblioteca del arte actual, donde es central su revista “Cenizas”, publicada en varios números y bajas series encuadernadas a mano; con cada inserción de un trazo, o collage, las hace únicas, originales, genuinas formas de producir documentación. Además de libros impresos por él, también en bajas series y hechos totalmente a mano.

Quintanilla en el archivo
Volviendo a la Sala III del MADC, ahí se registra y exhibe el pensamiento crítico del maestro, sus disidencias, disensos, actitud contestaría de un individuo poseedor de profundo pensamiento crítico. Está su producción editorial con “La Pluma del Cuervo” (1986-1989) y la “Idi@yPuej" (1987-1989). “ArteFacto” (1999-2002). “Estrago” (2003-2010). “Malagana” (2013), entre otras. Una vida de cultivar la palabra, y hacerlo con actitud “Cons/Des-tructiva”, en la medida que señala lo que está flojo y debe mejorar, pero también lo que merece mantenerse y crecer exponencialmente.

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.

Y para cerrar con esta reflexión, esas memorias me encienden, compruebo que no estamos solos, en esa necesidad de perpetuar la experiencia creativa a través de la producción de impresos, y de levantar altares a la memoria. Y como todo altar se entronizan santos, en el “Archivo de Raúl” son abundantes el ícono de Julio César Sandino, (San Sandino) en diversos papeles, impresos y soportes. Ése es un carácter propio de lo actual, dejar de hacerlo nos haría incompletos, discontinuos, en tanto es una acción dentro del complejo sistema de las prácticas artísticas contemporáneas donde quien no produce nada, no existe..



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