martes, 6 de noviembre de 2018

Salón ANESCO: empatía y disensos

El Salón ANESCO 2018, de la Asociación Nacional de Escultores, el Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, Ministerio de Cultura, y la Municipalidad de San José, convocaron a apreciar dos zonas de producción creativa del arte costarricense actual: Aquella en que el observador encuentra empatía, o, por el contrario, le provoca disenso. Se trata de niveles emocionales del carácter humano, por lo cual siempre habrá adeptos ubicados de uno u otro lado de la línea de fuego, o cruce de proyectiles de la mirada crítica. La sala se vuelve un cuadrilátero, y el arte confrontación, para que lo expuesto logre empoderar y edificar la memoria. Si todo fuese igual y no existiese esa diversidad de lenguajes, si todos los discursos y abordajes tendieran a parecerse, perderíamos el tiempo al visitar la sala de exposiciones.

Marvin Castro. "Muro Occidental". 2018. Documentación propuesta de arte urbano para el sureste de la capital San José.

Un tiempo para rememorar
La década de los años ochenta y noventa del siglo anterior, fueron tiempos de transformación para el arte doméstico y el internacional: me refiero a la tradición de la pintura y escultura cuando abandonaron el estrado que ocuparon por siglos en museos e historia del arte. Mucho se habló entre corrillos y calurosos debates, acerca de la muerte de la pintura, mientras que la escultura se mantenía en un trance de producción de estereotipos y lo decorativo, tal que lo tildábamos “arte de lobby de hotel”. El planteamiento de la instalación puso en crisis al artista, en tanto que su elaboración (talla, modelado, fundición) de materiales duros, fue subvertida por la idea blanda la cual cuestiona y antepone un signo de pregunta, apreciando el concepto, más que sacarle brillos a los mármoles y maderas, generando obras carentes de significado. 

Vista de Sala Salón ANESCO. Centro de Patrimonio, San José.

En adelante, a la estética no la implicaba la técnica; el concepto era y es el discurso central del cambio. La diversidad de recursos materiales y conceptuales, provocó el cisma que desafió la creatividad y capacidad de innovación; rubro necesario para la validación y circulación de la obra de arte. En 1984, la Bienal de Pintura de L&S premió un batik de Lil Mena, no una pintura. La Bienal de Escultura de la Cervecería Costa Rica constituida en 1994, premió instalaciones y no esculturas, excepto las tallas en madera de José Sancho, las cuales se salían de los cánones para implicar el conjunto, el sentido del lugar en convivencia con el material natural que siempre es precioso. En aquel contexto de ruptura, se recuerda “De vidrio La Cabecera”, 1994, de Virginia Pérez-Ratton, Premio del Salón Abierto; no era una escultura sino un catre viejo con una lámina de vidrio encima, pero abordaba un discurso de mucha actualidad: La fragilidad en las relaciones intrapersonales, origen de la violencia de género y otras lecturas críticas a la sociedad. Similares valores fueron apreciados en las obras premiadas por jurados, recuérdese “La transformación del Rostro” de Otto Apuy; “Fútbol con dengue”, de Pedro Arrieta, entre otras premiaciones que encendieron chispas de discordia.

Vista de Sala Salón ANESCO. Centro de Patrimonio, San José.

Ruptura de la tradición
Se trata de fracturas, puntos de inflexión imbricados por el conceptualismo, cuestionando el arraigo de las primeras vanguardias, y la abstracción. El arte concreto, el minimalismo, tuvieron a grandes provocadores de sentido en Eduardo Chillida, Arnaldo Pomodoro, Richard Serra, entre otros. El informalismo introdujo lo grotesco, la subjetividad, encontrado en el arte de Willen De Kooning, Jean Fautrier, Jean Dubufet, de quien son fundamentales sus esculturas en movimiento y materiales blandos de los años setenta y ochenta, soportando un nuevo lenguaje para el arte tridimensional. El pop distinguió un objeto que -a diferencia del ready made duchampiano-, lo abastece la tensión de lo mercantil, Warhol, con sus numerales corriendo en el tripero del comercio mundial: Wall Street Center. El povera, de los sesenta, exaltó un producto cuya estética se valora en la transformación que sufren los materiales mientras conforman la obra de arte, en su mayoría ubicados en la categoría de lo efímero: Mario Merz, Janis Kounellis, Alberto Burri, Piero Manzoni, Antonio Tapies, y un si número de artistas por todo el orbe. Son sensibilidades que se auto-cuestionan a sí mismas, como ocurrió con el Dadaísmoo el llamado anti-arte de hace un siglo atrás, que consolidaron las bases del movimiento moderno el cual llamamos Arte Conceptual nacido a inicios de los setenta.

Nuestro connacional Juan Luis Rodríguez Sibaja, quien residió en Francia desde inicios de los sesenta, ganó la Medalla de Orode la Bienal de París, con una instalación (aunque en aquellos años no se la llamaba así): construyó un rign de boxeo con cuerdas, tablas y tela negra. Talló en hielo teñido de rojo un enorme signo de interrogación, y un pedestal en hielo negro (recuérdese que rojo y negro son simbolismos de lo bélico, confrontativo y revolucionario) que, al diluirse, formó un charco como de sangre vertida en la arena de la vida: El Combate, 1969. Incorporó al montaje un registro sonoro con el canto “de pie camaradas”, tonada de la época, a lo cual agregó el golpeteo de los pasos de militares invasores al llevarse a los judíos a campos de exterminio. Un discurso aguerrido de lo político que provoca un cruce de fuego en la reyerta del arte, para hacerlo perdurable. Recuérdese que, en esa década, Europa, vivía la posguerra e inestabilidad en la estructura social, terreno para las confrontaciones obreras y estudiantiles como el “Mayo 68”; repercutían en las prácticas artísticas en tanto estas cimientan una construcción social, que llamamos arte. 

Algunas lecturas y anclajes
Sin embargo, considero que, tallar materiales duros, catapultó una importante renovación de los discursos creativos. El artista introduce materiales que subvierten la pieza, la desestabilizan, agregando una importante dosis de incertidumbre, de aquello que no se sabe y que, en el arte del pasado, los escultores prevenían a toda costa. Hoy en día, al contrario, es un ingrediente de la sopa de la cultura que agrega sabor, sustancia, y catapulta lo contemporáneo. 

Imposible comentar en este acercamiento al Salón ANESCO todas las piezas expuestas, por lo que selecciono las que en particular se aproximan a mi zona de interés, por ser un arte juguetón e irónico, sin abandonar lo que carga de sentido crítico al discurso visual. En mi criterio esa componente es un noventa y cinco por ciento de la obra, el cinco faltante lo abastece la técnica.

Xinia Benavides “Amor del bueno” 2018, modelado en alambre.

La pieza de Xinia Benavides “Amor del bueno” 2018, modelado en alambre, afirma que también se puede crear esculturas con una línea, en este caso de alambre, para realizar un dibujo de contorno ciego, como ciego es el amor entre el espacio y el vacío, la materia y la inmateria, en un contorno modelado sobre la silla blanca que abriga una esperanza, una ilusión.

Una de las piezas exhibidas que impresiona, es la documentación de Marvin Castro acerca de un muro que él introdujo a un parquecito en las inmediaciones de la Clínica Carlos Durán. Una enorme piedra caliza trasladada desde la península de Nicoya, interviniéndola para asemejar un monumento al pasado: como los muros de la Roma Imperial, o la Villa Adriana; donde el Opus reticularon sostiene los remesones del presente cargando de sentido al futuro de la cultura, presenciando nuestro paso por la historia, como lo hicieron también las grandes civilizaciones de nuestro continente: Mesoamérica y el gran Imperio Inca.

Andrés Cañas. “Flor de noche”, 2018. Metal.

Otra pieza con carga poética con juegos de luz y sombras es “Flor de noche”, 2018, de Andrés Cañas. Se trata de un objeto de metal de riguroso corte, de sumo interés, en tanto su sombra arrojada en el muro de la sala encabrita la dosis de sensorialidad que admite el espectador, activando su ánima interior.

Luis Chacón “Concierto Campestre”, 2018, instalación homenaje a Giorgione.

Luis Chacón ensaya y enseña otro discurso de lo actual con “Concierto Campestre”, 2018, una instalación en homenaje a Giorgione. Utiliza figurillas femeninas y angelitos de porcelana o cerámica dispuestos como tomando el sol en la playa o el campo, pasando por alto la conmoción del cotidiano. Y digo enseña, en la medida que evade la escultura tradicional de aquellos pesados bloques de materia, cuando lo que se valora hoy en día es la idea. También expone otra pieza-collage que imbrica el discurso de la sexualidad y el simbolismo de un pato al pie de la pieza y el pato en el sexo del personaje, una composición confrontación relativa, pero también lúdica que agrega humor al discurso.

Ana Lucía Crespo. Renacer de un corazón fuerte. 2018. 

Ana Lucía Crespo, digamos que no rompe el paradigma de la escultura del ayer, sin embargo, posee un interesante ensamble entre la piedra tallada y otros materiales. Nos devela el “corazón de piedra” o el corazón abierto, posiciones que suelen asumir las personas al actuar en una sociedad como la actual, delante de las vicisitudes que afectan al seno familiar, los negocios, el desarrollo y productividad que requieren nuestras sociedades para su subsistencia.

Ángela Dacosta con “Autorretrato”, 2018, collage.

 Ángela Dacosta con “Autorretrato”, 2018, con un abordaje al pop, connota el disenso sobre la sociedad consumista, es algo así como ponerse la soga al cuello; colecta el mundo de las marcas y subproductos del mercado que embadurnan el ambiente, y ella, con esta crítica, les da una segunda vida para que no lleguen a sumarse a esa montaña de basura que a veces perfila el paisaje urbano.

Ingrid Rudelman con “Solar y Lunar”, 2018, talla en mármol blanco.

Ingrid Rudelman con “Solar y Lunar”, 2018, ratifica la de-construcción de la forma del bloque de mármol blanco, configurando tetraedros regulares e irregulares que intrincan con el discurso de la geometría, el abordaje de las estructuras primarias, pero a su vez con una poética “cascada” de luz.

Roberto Lizano. “El duelo”, 2018, instalación.

Roberto Lizano se nos puso juguetón, como es su costumbre, con dos personajes recortados en cartón corrugado: “El duelo”, 2018, lo ensambla en el perímetro de un gran aro de metal, lo hace para representar la realidad de la vida diaria de muchos, al asumir nuestros retos. Recurre a la idea de la arena del gladiador donde se juega con la vida pero también con la muerte. Expone, además, “El botiquín de Mercurio”, 2018, idea del camarín donde dos hormas de calzado con alas, implica lo mitológico que guarda para sí la memoria.

Claudio Vidor con “Craneometría 23.5”, 2018. Foto cortesía de ANESCO.

Claudio Vidor con “Craneometría 23.5”, 2018, implica una visión algo hiriente acerca del descarte y la exclusión, como medir la inteligencia de los individuos para tener acceso a los estudios superiores, a las molestas notas de admisión que resultan siempre ofensivas y discriminatorias.

Edgar Zúñiga. “Con hidalguía”, 2018. Foto cortesía de ANESCO.

Se exhiben otras piezas que claman por atención, como un llamado a redescubrir los imaginarios simbólicos “Con hidalguía”, 2018, un enorme retrato en terracota fragmentado de Edgar Zúñiga, ensamblado con soportes de metal. Me evocan la exposición de 2015 del escultor mexicano Javier Marín en BANEX de ciudad de México DF, titulada “Corphus Terra”. Identifica un discurso sobre el ser y el vacío, que resignifica la materia, en este caso arcilla y el vaciado, lo cual definitivamente atrapa al espectador quien deambula por la sala buscando un algo que le devuelva las sensaciones que le roba la tensión cotidiana en la urbe.

Payduma Ramírez andaba buscando la relación entre la materia y el vacío, tanto que conformó una estructura de metal que fraguan las formas básicas de la geometría, y en particular la esfera, cual cuelga evidenciando el centro de interés y la esfera tan representativa en las culturas originarias en el Delta del Diquís. Reta a ponernos en tensión, a nosotros mismos los espectadores, interrogándonos acerca de los significados del arte de estos tiempos. Yo diría que la propuesta como tal no me gusta, pero tampoco deja de anclarme, tiene algo de lo áspero del discurso actual de las paradojas que, incomodan, pero nos mantienen en vilo.

El ensamble “Semilla”, 2018, de Domingo Ramos, ensambla con maestría la piedra con la madera de pochote, dos materias de suma tolerancia; la piedra escarbada para regenerar marcas de nuestras culturas originarias prehispánicas, trazos sacados con soltura implicando esos ricos imaginarios simbólicos del ayer, y, en especial, el fundamental legado lítico prehispánico.

Luis Alonso Ramírez. Pensamientos, 2018. Concreto y cadenas.

Se exhibe la silueta de un personaje construido con concreto, áspero como la vida misma, enredado en cadenas. Un discurso, como se dijo, que asimila la realidad cotidiana donde nos encadena la política, la economía, la soledad, la crítica, las contingencias e incertidumbres, pero que todo sumado hacen memorables el día a día, y el vivir nadando a contracorriente. Se trata de una de las esculturas expuestas por Luis Alonso Ramírez, la cual me empuja a referenciar al también “áspero” escultor nicaragüense Aparicio Artola y el arte bruto con un dejo de naife.

Mi crítica al salón
Diría que hay mucho más que ver y comentar, por supuesto, fluye mi posición crítica al comentar únicamente lo que me ancla de la muestra, obviando aquello que es relativa estética (elaboración de las apariencias de la materia). En lo personal me interesa lo que cohesiona el disenso sobre las problemáticas que aquejan a la sociedad de hoy, los discursos de la política, las tensiones sociales tales como la inclusividad, el equilibrio de género, el tratamiento de las posiciones de minorías, y otras vicisitudes del tiempo que no se agota al anteponernos piedras en el camino, las contingencias para sentirnos vivos. 

También aprecié “meras apariencias”, lo cual me recordó aquella canción del género romántico del italiano Ricardo Cocciante: “Cuerpo sin alma”, que no pasan de gustar, pero no atrapan los discursos de punta en el arte contemporáneo, los cuales flotan como los holones, pero hay que saberlos relacionar para que se conviertan en materia viva, piedra viva, madera fibrosa pero que ya domada alcanza interés y prueba la gracia escultórica.

Pienso además que la muestra es copiosa y fluyen demasiados discursos dentro de la cuadratura curatorial: Premios en diferentes categorías rememorando a ilustres escultores costarricenses; alusiones y distinciones a las muestras destacadas del año, y el homenaje incluido, en este caso a Luis Alonso Ramírez. Todo eso exacerba y exaspera al espectador quien no acaba de comprender ese campo de batalla, y de dónde vendrán los disparos de un “rifle chocho” que no se sabe hacia dónde dirigirá la bala. Sin embargo, y a eso me referí, que el Salón ANESCO va abriéndose paso en el terreno escabroso de la cultura nacional.

sábado, 29 de septiembre de 2018

“Ejercicios de Autonomía” en TEORéTica

Las artistas costarricenses Priscilla Monge y Victoria Cabezas con “Ejercicios de Autonomía” -del 26 de setiembre al 10 de diciembre, 2018, muestra curada por Miguel Ángel López para TEORéTica-, engatillan una profusa carga de vectores de significado que las confronta sin tregua, en cada pieza, fotografía, instalación, video, pintura, collage; 
pero también pared, sala o espacio de la exposición. 

Dos x dos: mundos
Al ingresar a la serena estancia expositiva, uno no se percata que ahí acreciente una dialógica de revisión que reta a ambas artistas, una frente a la otra -rastreando desde la producción liminar, años ochenta en el caso de Cabezas, y noventa del siglo anterior en Monge, hasta la fecha-, con la inequívoca idea de conducirlas hasta puntos opuestos. Desde esa posición e inminente arena de sus prácticas artísticas, hagan fluir sus relatos hasta alcanzar transparentarse mutuamente, en ese cruce de proyectiles de la mirada, que los espectadores logramos comprender y sentir el fogonazo de su poética y lenguajes. 

Sala de Teorética, con la “Banano Emplumado” de Victoria Cabezas. Foto M.López.

Para anclarme con la propuesta del curador, devienen cuatro puntos a acentuar en lo expuesto: “1 la construcción visual de la masculinidad; 2 la teatralización de la identidad y del amor; 3 la violencia presente en el ámbito doméstico; 4 los ideales normativos de lo femenino modelados por los medios de comunicación” (López, 2018. Brochure de la muestra).

Importa decirlo: es un proyecto muy elaborado, pensado, analizado, refinado, articulado en ambas casas de TEORéTica; donde las asperezas, cuando existen, son tensiones interpretativas que atrapan nuestra mirada de espectador -sujeto central de tal confrontación-, quien deambula por las salas intentando comprender la incógnita de tanta incertidumbre. El espectador pusilánime, colector de lo que no sabe, pero que a su vez le provoca e inquieta, es animado por el arte, o, por el contrario, instigado para consumirlo en la lectura: recoger registros, huellas o rastros de quien, en ese trance de lo exhibido, sabe hacer su trabajo (me refiero tanto a la curaduría -al estratega de la muestra- como también a las artistas Priscilla y Victoria, dispuestas a asumir sus respectivas jugadas en el inminente tablero de la discordia), y, desde esa concatenación simbólica, edificar el contenido e interpretación de lo expuesto.

Sala de Teorética, con piezas de Priscilla Monge. Foto M.López.

Comprender ambas visiones en contienda, admite relaciones que filtran entre sí el discurso de lo femenino en el arte contemporáneo. Algunas adherencias son suscitadas por lo emocional, pulsional, erótico, y hasta irónico; como también por el símbolo que asumen los objetos hoy en día, donde las contingencias cotidianas, como puede ser el vestido, las caretas o máscaras del (des)afecto, o la actitud de disentir, dan temple a la (in)dependencia al crear y buscar formas para comunicarlo. Coinciden en “Ejercicios de Autonomía”, dos personalidades disímiles, reunidas por su pasión, experiencia, paroxismo, engullidas por el laboratorio donde se produce el arte y donde ellas encuentran significado a las tensiones de la cultura contemporánea.

Caminar pensante
Apreciar la mencionada muestra, como cualquier otra, me sume de inmediato en una profunda cavilación en la cual pienso y escribo. Suelo anotar, en los bordes del libro que en ese momento traiga entre manos, o auto-enviarme recordatorios o mensajes por celular, para no dejar de anotar el seguimiento a ese significado perseguido. Interesa el tema del cuerpo en el arte, o a su vez el arte del cuerpo, como uno de los ejercicios sublimes en la visión del arte actual y que caracteriza a ambas artistas. Tiene que ver con equidad y jerarquías de género, pero que, en algunas zonas de enfrentamiento, esos signos se vuelven armas de doble filo. 

Victoria Cabezas. Autorretrato, 1983. Foto cortesía de Teorética.

En ambas artistas clama la necesidad de experimentar los métodos y técnicas de elaboración material, pero más en la situación de Victoria Cabezas como fotógrafa. Ella gesta nuevos visos a su producción, al proceso o fruto de la investigación, donde además de la temática, cuenta la apariencia del signo, la tectónica, la química, el revelado fotográfico, el trabajo de laboratorio; poseen un discurso observado y registrado en la memoria. Ese singular tratamiento y encuadre de la imagen, es ya (in)perfectible, en tanto que ya logró todo lo que ella añoraba -y, para quienes la conocemos desde siempre-, sabemos que ese es su gran desvelo.

Priscilla Monge. Sin Título, 1996. Foto cortesía de Teorética.

En el caso de Priscilla Monje, cuentan sus percepciones de lo popular, las edificaciones de la identidad, idiosincrasia y presiones sociales, pasan por su ojo escudriñador en su taller. Pero también, los conflictos de la vida, sus modos de ser e implicaciones sociales, que tal y como se dijo, son tan copiosas en las relaciones intrapersonales. Busca desmitificar acciones antes consideradas prohibidas o sacrílegas, como grabar con sangre en vez de tinta, y cargar de ADN -por lo cual puede ser rastreable su carga genética e identidad-, a un papel que, luego será investido como atuendo. Refiere a ese traje y atavismos que le “hacen” a sí misma, al presentarse ante la estructura social. 

Se trata de un interaccionismo simbólico similar a aquel grabado de Escher, donde una mano se dibuja a sí misma, en una sociedad que la mira de reojo ante sus cuestionamientos, y no da la cara quizás por desacato, temor, envidia, desasosiego, o porque se identifica con ella. Responde a su mirada crítica que a su vez la pone en la mira. Por este singular ángulo de visión, es que percibo lo expuesto en TEORéTica como un guerreo de vibraciones, luminosidad, y voces encendidas que se entrecruzan aún después de salir del sitio o conflicto, ileso, meditativo, dispuesto a sumirme en el análisis de lo visto, relacionarlo con lo que sé del arte.

Sala de Teorética, Lado V, con piezas de Victoria Cabezas. Foto M.López.

La entrevista de apertura
Victoria Cabezas exhibe el “Banano Emplumado” -controvertido por ser signo erótico, pero que en esta pieza su título refiere a la serpiente o Quetzalcoatl de la mitología maya, un símbolo muy centroamericano. Pero, al escucharla hablar en la entrevista del curador con ambas artistas, conversatorio con que se abrió la muestra, como es costumbre me sumió en mis propias evocaciones. Ella evoca sus tiempos de estudiante de maestría en arte en el Instituto Pratt de Nueva York, cuando sus colegas, al encontrarla, le recordaban su lugar de nacimiento, refiriéndose a “Banana’s Republic”. 

Como dije, esas percepciones motivan la auto-referencia, cuando me tocó asistir a un foro de curadores de colecciones y museos de fotografía en “Kiyosato Museum of Photographi”, Japón, mientras que el huracán “Mitch” (1998) devastaba el istmo. Cada vez que me topaba a algunos de los colegas, como si yo portara en la frente el “estigma de la tormenta”, me indagaban con las incidencias del ciclón, sin saber yo más que ellos. 

Piezas de Priscilla Monge. Foto cortesía de Teorética.

Llevamos en la cara esa “mano de bananos”, contingencias naturales tales como deslaves, volcanes, inundaciones, terremotos; pero también guerras, conflictos sociales y otras recurrencias políticas del istmo. Resuenan e instigan con grandes ecos, como lo hizo “Estrecho Dudoso” 2006, de Virginia Pérez-Ratton, en los abordajes del arte contemporáneo. Como también en nuestro caso, está tan presente, la memoria y existencia de la “United Fruit Company”, que tanto desvelo provoca aún en las nuevas generaciones de artistas.

Encadenamiento para cuestionar 
Otro asunto que tocó mi percepción y memoria mientras escuchaba el conversatorio, fue escuchar a Miguel Ángel referirse a la política de dedicar esos espacios de la programación a artistas mujeres. Rememoró, apenas hace un año atrás, la importante producción creativa de Patricia Belli, “Frágiles. Obras 1986-2015”, expuesta en estas salas. Se trata de abordajes que refieren a la “equidad de género”, pero que como se dijo, transitan una filosa arista en tanto existen discursos de interés, no solo del lado de la mujer observando al varón o a su mismidad sensual y amorosa, sino también del artista varón interpretando sus relaciones de pareja, y que quizás, lo más sugestivo podría ocurrir si se corriera el telón fondo de entre ambas percepciones y avistamientos al arte de nuestros días. 

En el trabajo de ambas artistas coexiste esta percepción. En Cabezas, lo devela la intensidad y secuencia de “El Beso”. O, tal y como ocurre con Priscilla, al abordar asuntos de masculinidad como el fútbol, hacer un balón con toallas femeninas y cuero, o disponer una cancha de fútbol salón de superficie irregular, apelotada, en el jardín de esculturas del Museo de Arte Costarricense, o pintar a los jugadores de este deporte en poses de adversarios de lucha libre. Críticas al consumo, al mercado global que cosifica todo con la única meta de vender, de llenar las arcas del poder, acudiendo a tratamientos como la sexualidad, las condiciones de las minorías, que serán siempre asunciones disonantes o complejas (des)ventajas sociales, lo cual requiere suma contención al estudiarlas.

Sala de Teorética, Lado V, con piezas de Victoria Cabezas. Foto M.López.

Provocación e inter-textos
En esta territorialidad, para Priscilla Monge lo bello puede ser monstruoso, ominoso, me evoca aquellas imágenes de la pintura oriental, donde en un paisaje, la naturaleza se advierte enorme y siniestra ante la pequeñez de la criatura humana; formas de recato que no significan miedo, pero sí contención. Mientras que, para Victoria Cabezas, lo bello es seductor: la aterciopelada banana que se añora, abraza, besa y atrapa contra el pecho en señal de una conjunción que pivotea entre lo erótico y el “pecado” -para no dejar de referirme a lo espiritual, como deleite y distancia añorada, e intimidad entre dos cuerpos que se buscan y encuentran. Georges Bataille, refiriéndose a tal conducta humana, lo ratifica con estas palabras: “Constantemente se da miedo a sí mismo. Sus movimientos eróticos le aterran” (Bataille 2005. P11).

Sin ir más lejos, este autor francés alude en todo ello a la muerte: “… para nosotros es solo un signo horroroso, que sin cesar nos recuerda que la muerte, ruptura de esa discontinuidad individual en la que nos fija la angustia, se nos propone como una verdad más eminente que la vida” (Bataille 2005. P24). 

Para Eugenio Trías:“la tentación del abismo aparece como horizonte último de la experiencia” (Trías, 1997. P48) Ambos autores hablan de muerte como fin último de la dicotomía del amor, de una estética desligada del principio productivo del arte, para conectarlo con lo mundano y hasta romántico, como ese cuerpo reposado entre almohadones consumiendo imágenes de la televisión, y el infaltable gato, en el caso de Cabezas. 

Sala de Teorética, Lado V, con piezas de Victoria Cabezas. Foto M.López.

Quizás aquellas botas negras tras las cortinas, en una de las estancias del Lado V, ligan al macho a las insanas relaciones de poder, violencia y sexo, conductas del pasado que asfixian la memoria con los registros policiales y judiciales. E incluso, la misma Monge está presente con este mismo discurso en aquellas “Sentencias de muerte” (1999), que bordó sobre tela de lino, de lo cual Tamara Díaz-Bringas observó: “Y para que la impresión de “inocencia” fuera aún mayor, Monge sustituyó algunas palabras por dibujos, al modo de los cuadernos escolares que intentan facilitar la lectura mediante el apoyo visual” (Díaz-Bringas. Crítica Próxima, 2017. P67).

Se comprende, en todos estos estamentos del Arte Conceptual y lo que denominamos contemporáneo, el legado: tejido, instalado, pintado, escarbado, referenciado, nos sume en las aguas del río a catar la riqueza de sus fondos. Nos requieren astucia de buscadores, palimpsestos cavando entre las capas grabadas con palabras del tiempo y la memoria histórica.

Con(in)clusión
Dije, y con esta última percepción cierro el comentario a la muestra “Ejercicios de Autonomía” (2018) en TEORéTica arte + pensamiento, que al caminar la muestra me cobijó el encanto de las personalidades creativas de ambas expositoras, Priscilla y Victoria, y mientras otros espectadores se saludaban, tomaban un sorbo de vino tinto o de una cerveza, mirando desapercibidos el guerreo que suscitaba el arte, probé el encanto que deviene de la obra misma, con sus altas dosis de incertidumbre y testarudez, caracteres de esta sociedad instigadora, entre la ciudad y el habitante, entre sus vidas, deleites, sexualidades, controversias e incluso hasta miedos. Me recordó una vez más a Díaz-Bringas en la cita de la página 67 de Crítica Próxima (2016), cuando referenció al sicólogo Sigmund Freud (1919), hablando de lo terrorífico y ominoso que nos resulta familiar. Eso me hizo advertir y seguir el pulso entre ambas artistas, la mirada crítica que escarba, e intenta allanar, equilibrar lo rastreado al otro lado de la pupila, directo a la mácula de la visión donde conecta lo que se ve con lo que se piensa, mente y corazón, ahí donde emergen las respuestas a estas u otras incógnitas y sentidos del arte de estos tiempos en los cuales nos ha tocado externar un pensamiento crítico.


sábado, 22 de septiembre de 2018

Raúl, el promotor (Epílogo. Sala 4)

Resonancias del sector cultura en Nicaragua y en particular del arte contemporáneo, ondean ecos que propagan percepciones acerca de la labor de Mácula, galería y centro de producción cultural, vinculando a Raúl Quintanilla Armijo como promotor, maestro, investigador, curador, colector, crítico, y uno de los más reconocidos artistas centroamericanos. Tampoco pasa desapercibido el proyecto Espira/Espora, bajo la tutela de Patricia Belli, otro centro de aprendizaje del arte, experimental, innovador y provocador de discursos. Mantener esos retos es complejo, más cuando la realidad actual parece resquebrajarse; pero dicen que la dureza del metal se comprueba llevándolo al rojo vivo.

El objeto de arte -en la particular perspectiva de la década de los setenta: “El objeto mezquinamente realizado, se convierte en provocadora llamada a la reflexión y adopción de una postura crítica” (Thomas, K. 1982. P27). Esta es la premisa a reflexionar, al analizar lo expuesto en la Sala 4 del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC), obras del colectivo integrado por Federico Alvarado, Alfredo Caballero, Aida Castillo, Alejandro de la Guerra, Miguel Díaz, Milena García, Claudia Gordillo y Darling López.


Sin título”, de Alfredo Caballero, óleo sobre tela, 2018 (172 x 233 cm). Foto cortesía del MADC.

Resonancias en la Sala 4
Al ingresar, no deja de confrontarnos la pintura “Sin título”, de Alfredo Caballero, óleo sobre tela, 2018 (172 x 233 cm). Aquella superficie es soporte de un signo o palabra no escrita ni impresa, más bien fue (des)dibujada para subvertir la conciencia crítica del espectador: “Mierda”. En el caso de Alfredo Caballero está dicha con hastío, reclamo, o disputa ante la indefensión que pluraliza las necesidades de la población nicaragüense ante sus actuales condiciones y estado de vida. Quizás -especulo-, fue la misma aversión que llevó a una diputada del Partido Liberación Nacional (PLN), en el seno de nuestra Asamblea Legislativa, a pronunciarla en el contexto de la política doméstica (de este lado del río), precisamente, en la misma semana que el MADC inauguró “No tiene nombre” de Raúl Quintanilla. 

Motivos, para que emerjan esas complejas percepciones y asociaciones en la teoría del arte, que se proyectan buscando comprobación y legitimidad. Trae a mi memoria “Merda d'artista”, del polémico Piero Manzoni, cuando con aquella lata de excremento expuesta en una galería, como mercancía y mordaz crítica al mercado del arte de los sesenta del siglo pasado; engendrando zozobra y escozorPunto de quiebre a su vez para el movimiento Povera, surgido en Italia en la segunda mitad de esa década, y que sirviera al crítico Germano Celant, al bautizar esa corriente conceptual surgida en el Piamonte, en tanto utilizaba materiales pobres, no industriales: plantas, sacos de lona, gasas, cuerdas, tierras, troncos, lastres, valorados por los cambios sufridos a medida que se deterioraran, al interno del mismo cuerpo de la obra.

Sin título”, de Federico Alvarado, acrílico sobre tela, 2018, (158.5 x 214 cm). Foto cortesía del MADC.

La pintura de Caballero, sobre un soporte de gruesa tectónica, posiblemente yute, agrede, desestabiliza al espectador, pero al acercarse uno se pregunta si usó precisamente excremento en aquella veladura ocre amarillenta sobre el fondo rosa, que a su vez, contrapuntea la palabra en cuestión. No deja de dialogar con la pieza colgada en la pared de fondo de las escaleras, “Sin título”, de Federico Alvarado, acrílico sobre tela, 2018, (158.5 x 214 cm), en tanto fue pintada sobre una tela cruda, sin preparar la superficie; e incluso, donde juegan los dobleces de ese soporte, y el trazo nervioso de una escena bélica, pesadilla de la cual uno ansía escapar, salir ileso de aquella desaforada pulsación. Y digo “confrontar”, en tanto se advierten esos ecos belicosos, al cuestionarse que hacer ahí, nadando a contracorriente entre los remolinos del Caos y el río del arte.

Milena García “SCI FI bandera nos cobija” 2015-2016, (114 x 166 cm). Foto cortesía del MADC.

“SCI FI bandera nos cobija” 
Milena García presentó una tela enterrada durante tres semanas durante el invierno: “SCI FI bandera nos cobija” 2015-2016, (114 x 166 cm). Se trata de una superficie en degrado, que refiere a los colores del Frente Sandinista de Liberación Nacional, a lo cual sobrepone las siglas en inglés de Ciencia Ficción (SCI FI). De esa manera y a través de los símbolos diserta acerca de las repercusiones y hervor popular, ante lo impreciso y alucinante que resulta para los nicaragüenses la gestión de sus gobernantes, clavando en la conciencia del espectador la espinita de la duda ante esa construcción social que cae a pedazos aunque la elevemos al muro del arte de nuestros tiempos.

Espacio Sala 4. Foto cortesía del MADC.

En esta misma área de la sala, se aprecia “Hubo fiesta. La Caída”, de Alejandro de la Guerra, (Video HD. 00:01:09 min), 2014. Apreciación que me lanzó de espaldas contra la pared del tiempo y el espacio, para revivir mi propia experiencia de observador, cuando el artista expuso los restos del destruido monumento al general Somoza, en la Bienal de Arte de Nicaragua 2014. Fuerte, impactante, recursiva, en tanto Alejandro se sirve del mismo sujeto con distintas construcciones materiales y conceptuales; también recuerdo la versión “La Piñata”, en la antigua galería Equilátero de San Rafael de Escazú, cuando se mostró “Las reglas del juego”, 2015, curada por Tamara Días-Bringas. (https://www.experimenta.es/blog/luis-fernando-quiros/equilatero-las-reglas-del-juego-5174/).

Darling López. “Paisaje I”, y “Paisaje II”. Foto cortesía del MADC.


Se exponen, en esa misma zona, “Paisaje I”, y “Paisaje II”, mixtas de Darling López, evocan los “árboles de la vida” que la vicepresidenta Rosario Murillo mandó a construir y colocar por toda la ciudad de Managua, quizás para cargar las energías y esperanzas que representa el árbol, pero a la postre motivos de la actual discordia. (En una oportunidad que visité Managua y aprecié aquellos monumentos tan férreos, a pesar de la simbólica sensualidad de las curvas y contra-curvas que forcejeaban con la figura del árbol, me dije a mi mismo: “alguien se enriqueció con el contrato para fabricarlas”). Pero volviendo al contenido crítico de la pieza de Darling López, el arte se manifiesta en esas costuras que entretejen la silueta sobre la fotografía de uno de los árboles, pero configurando un ring, el cuadrilátero de las vivencias cotidianas, con todas sus vicisitudes y estertores bélicos de una moribunda que fenece: la sociedad; puesta en el crisol, para comprobar su resistencia. Pieza que dialoga a cierta distancia y detrás de la pared central que divide la sala, tejiendo hilos interpretativos con el video “No te vayas al bosque House of Cuak (Miguel Díaz)” (Video HD. 00:03:02 min), 2018.

Alfredo Caballero. “Sagrado Corazón”, óleo sobre tela, 2018, (201 x 252 cm) Foto cortesía del MADC.

En la penumbra de la última instancia expositiva
En el recinto se dispone la pintura “Sagrado Corazón”, de Alfredo Caballero, óleo sobre tela, 2018, (201 x 252 cm), para cuestionar al observador lo que ve, interpreta, y le queda como remanente de un paisaje ataviado de signos de soledad, silencio, que apenas sugiere el trazo de un “corazón”, que aparece y desaparece. Quizás, la intermitencia significa la fe del pueblo, ante la crudeza de los conflictos, y donde pareciera que lo “sacro” o “sublime” olvida los sufrimientos y ruegos de un pueblo, provocando diásporas, migrantes que se alejan hacia las distintas direcciones de la geografía del istmo, a buscar su propio “Mar Rojo”, o, “Montaña de fuego”. Es una pieza cargada de “entre comillas”, para dialogar con lo que uno sabe de arte, excelso o sagrado, pero que disuelve y desaparece cual espejismo.


“Esguince” y "Andarivel" de Milena García. Foto cortesía del MADC.

“Esguince” de Milena García, es un óleo sobre tela, 2016, (120 x 84 cm) y “Andarivel”, óleo y acrílico sobre papel, 2016, (65 x 50 cm), con un lenguaje sencillo, naif, o infantil, aborda lo que representa una discapacidad, pero prevalece la tensión que lo provocó, como tropezar con una piedra, o ser blanco de un proyectil, en una atmósfera acompasada de dramática resistencia.

A continuación, se exponen “Abuela” (de la serie “que se rinda tu pesca”), bordado sobre tela en bastidor redondo, 2016; “Madres” (de la serie “que se rinda tu pesca”), bordados sobre tela en bastidor redondo, 2017; “Universitaria” (de la serie “que se rinda tu pesca”), también bordados sobre tela en bastidor redondo, 2018; además “Pero abril en Nicaragua es el mes de la muerte”. Todas son piezas de la artista Aída Castil, bordados para urdir con hilos las preocupaciones que disminuyen a la población, cuando escriben con hilo y aguja: “En abril florecen las cañas fistulas, los robles y los corazones”. Provocan reflexionar sobre el brote, el corazón popular, levantando la voz y las emociones para que suceda un cambio, sin tener que esperar el próximo verano cuando retorne el amarillo miel y abra la vaina de la “Cassia fistula”.

Claudia Gordillo. “Equipo de grafistas en acción. Marcha de las Madres de abril. Managua, 30 de mayo/2018”. Foto cortesía del MADC.

No podría faltar en esta percepción de actualidad del arte de la vecina nación del Norte, Claudia Gordillo, con sus reflexiones gráficas que documentan el aguerrido episodio de las marchas, tranques, plantones y otras manifestaciones de la energía popular: “¡Exigimos Justicia! Marcha de las Madres de abril. Managua, 30 de mayo/2018”, fotografía digital impresa a color, 2018; “Equipo de grafistas en acción. Marcha de las Madres de abril. Managua, 30 de mayo/2018”, fotografía digital impresa a color; y, “Equipo de grafistas pintando dibujos en la calle. Marcha de las Madres de abril. Managua, 30 de mayo/2018”, fotografías digitales impresas a color. El arte de Claudia Gordillo lo halla delante de las acciones en las trincheras, engatillando el obturador con el pulso de su corazón, con firme razonamiento y experiencia de una sólida práctica creativa.

“Sin título”, de Federico Alvarado, acrílico sobre tela, 2018, (210 x 459 cms) Foto cortesía del MADC.

 Para terminar con la visita a la sala 4, diría que no pasa nada desapercibida la enorme tela “Sin título”, de Federico Alvarado, acrílico sobre tela, 2018, (210 x 459 cms), en tanto culmina la percepción del muro de la violencia que aqueja a la nación centroamericana. Pero que no es solo Nicaragua, las tensiones recrudecen en las vecinas repúblicas. (Recuérdese el caso de la CICIG y el comisionado de la ONU que el gobierno guatemalteco le niega la entrada, y que calienta las protestas. El Salvador tiene lo suyo, como también Honduras, no se salvan del todo los conflictos sociales. Y, ¿Costa Rica?, ¿la del “pura vida”?, ¿qué ocurre con las protestas, cierres callejeros y vinculación sindical pidiendo que los ricos paguen el impuesto que a dedo le imponen al pueblo? Contradicción, disyuntiva… pero que, pues si no se aprueba el plan fiscal, el país se iría a … ). En la pintura de Federico Alvarado aparecen personajes, jóvenes, muchachas y muchachos que enciende la luz de la inconformidad -como en todas estas refriegas mencionadas-, razón para auto-convocarse,disentir, cuestionar y oponerse a las jugadas del poder, pero con los pies bien puestos sobre el terreno.

A manera de conclusión y epílogo
Afirmo que, por sorprendente que parezca la propuesta, puede darse paso a la crítica, aunque el colectivo alcance una meta exponiendo en un museo del prestigio del MADC, e incluso, que a muchos artistas locales les es casi imposible exhibir en esos espacios, siempre se encontrarán detalles qué mejorar, así como fijarse como grupo otros bordes más amplios donde exponer su creatividad, y demostrar la actitud beligerante y a la vez fogosa, que tanto caracteriza al artista nicaragüense. Al museo le critico por cosas pequeñas pero que cuentan, el diseño museográfico y gráfico debe ser para todos, para jóvenes, pero también para adultos mayores, pues en la penumbra puede ser dramática o teatral, pero no se puede leer las fichas técnicas, tampoco en posiciones incómodas, desconcentra andar buscando en qué lugar aparecerá tan importante información, y aunque se encuentre, a veces resulta imposible leerlas. En diseño se dice que éste, el diseño, debe ser para todos, el museo igual debe ser para todos.

Espacio Sala 4. Foto cortesía del MADC.

Volviendo a “No tiene nombre”, en la reflexión primera se dijo que lo expuesto en el museo se comporta como “caballo de Troya”, en tanto el arte se posiciona de uno de los sitios gestores y epicentro de la cultura nacional, para cuestionar al arte mismo: Desnudar el “pura vida”, y subrayar esa nociva actitud complaciente y acomodadiza de alguna pintura y escultura costarricense. Además, de aquellas latas de “Canda para perro”, relacionando la actitud del POP de reflejar ciertos productos de consumo en las marcas y cifras del mercantilismo, pero que, también me ligan a la apariencia de la mercancía, del tarro y la etiqueta en aquel gesto subversivo de Manzoni en los sesenta del siglo pasado; no solo me conecta a la provocación del arte de Caballero, en la sala 4.

En el comentario del performance de la SBB en la sala 2, destaqué la actitud del arte de conmocionar y a su vez sacudirse el piso a sí mismo, a través de gestos creativos ¿anti-arte?

Del tercer comentario, rescato indagar cuánto de lo dispuesto en un archivo, hace al artista, influencia su obra, implica el discurso y pensamiento: El artista moldeándose a sí mismo, a su manifestación, a sus relaciones intrapersonales, a la sociedad y cultura contemporánea.

La mencionada K. Thomas, respecto al uso de los materiales pareciera haber estado presente en el museo al decir: “Maneja el material concreto, trivial, a veces inadvertido, de una situación preexistente, para evidenciar la transformación en el aspecto de esa realidad, desatendida y sin embargo presente…”(Thomas, K, 1982 P27). Aunque escrito en la década de los setenta, el pensamiento implica lo que retorna de la acción del arte. Dadaísmo, Povera, Pop, Minimalismo, Conceptualismo, Informalismo, Descolonialismo, son motivos y teorías para crear, pero sobretodo debatir su vigencia hoy en día, e importa la “(trans)formación”, cuyos puntos sobre las “íes” contagian la conducta divergente del ser creativo: el artista, el grupo, la estructura social, y al maestro Raúl, como el promotor.










miércoles, 19 de septiembre de 2018

El Archivo de Raúl (Tercera Reflexión: Sala III)

Dentro de las manifestaciones del arte contemporáneo, un registro documental o archivo de artista, es central a la investigación y a la práctica de las experiencias creativas, en tanto lo orienta en esa búsqueda personal del saber, o de poner una “mirada de sabiduría sobre sí mismo” -tal como un día opinó Adriano, emperador de Roma, en sus memorias re-escritas por Margarita Yourcenar. 

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.

Pero es más que eso, un archivo refleja la intensidad de vivencias que el individuo crítico-creativo guarda para sí, como piedras preciosas, como si fuesen objetos del deseo sin dejar de lado cierta carga de seducción y erotismo. Adriano, en el libro de Yourcenar, añade: “He soñado a veces con elaborar un sistema de conocimiento humano basado en lo erótico, una teoría del contacto en el cual el misterio y la dignidad del prójimo consistiría precisamente en ofrecer al Yo el punto de apoyo de ese otro mundo”. (Yourcenar. 2003. Traducción de Cortazar. P20).

La palabra y el archivo
El archivo es la palabra eternizada, mientras que la obra de arte va a un museo o a una colección pública o privada, permanecen cerca sus registros, sus anotaciones que resguardan el pensamiento. Así mantiene su producción por años de años, y enciende su espíritu de caminante y constante innovador. (Vuelvo a repetir que en mi caso personal caminar es sinónimo de pensar, analizar, reflexionar, deducir, especular, y, producir conocimiento. No hay innovación y pensamiento crítico, sin una buena andanza catando la sabiduría por todos esos resquicios y recovecos de los caminos del arte.

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.


Importante valorar al observar lo expuesto, al andar por el museo, comparando lo visto con lo que se sabe, experiencia de caminante. Pero, importa qué de aquello me estimula a aprender, al ejercicio constante de cuestionarme como observador lo que se y es aprendido, a internarme en mis cavilaciones acerca de las expresiones de nuestros días. Si la muestra y el archivo es bueno, será asimilado en una abundante y constante reflexión. Y, como lo he sintetizado en varios comentarios: estimula a estar en forma, en estado de (in)formación, o perpetua actitud de aprendizaje, formal e informal.

Ojeada al tiempo pretérito
Explico qué, en mi experiencia personal de comentarista de arte, siempre habrá una mirada crítica al tiempo: En los años ochenta, era asiduo visitante al taller de Pedro Arrieta (1954-2004), me maravillaba que las paredes de su estudio estaban repletas de “piolines”, con citas de grandes pensadores, filósofos, poetas, críticos, artistas. Me preguntaba qué tanto de ese bagaje influiría en él -en tanto arsenal de pensamientos y vestigios del saber universal-, cuánto se palparía en la obra. ¿Cuánto de todo eso lo haría a él?, o por otro lado ¿Cuánto influye la percepción del entorno, en la construcción social que implica el arte: pintura, grabado, dibujo, gráfica, fotografía, impresos? ¿Cómo se expresa? ¿Qué implica el método creativo o práctica artística en el momento de la producción?

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.

La célebre escritora belga-francesa Yourcenar, (citada en los párrafos iniciales), pone en boca del emperador una frase que define la importancia del libro como centro documental de la historia humana. Adriano decía que “El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por vez primera hemos puesto una mirada consciente sobre nosotros mismos”. (citado también por Rosina Cazali en Certezas Vulnerable. 2017. P.45).Y por ello, Adriano afirmaba que su patria eran los libros.

De manera que al visitar la Sala 3 del MADC, el archivo de Raúl Quintanilla Armijo, lo comprendí a sus anchas, pues se exhiben dibujos, grabados, papeles, anotaciones, libros, y sobre todo sus revistas, dispuestas como en un altar que enciende nuestras evocaciones de cuanto hemos visto, oído, tocado, sentido, degustado, como también están a disposición las declamaciones del poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas, que corren en los audios, otra forma de archivo.

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.


Referencia actual al DADA
Quiero decir que todo ese recurso documental me llevó a evocar otros tiempos en la historia del arte, pues el artista, y sobre todo el contemporáneo, pervive en su archivo y producción de insumos de ese mismo carácter. Evoqué en la lejanía del tiempo a Francis Picabia, quien publicó varias revistas muy memorables en el acontecer de las Primeras Vanguardias del arte. En un librito formato miniatura, que publicó Ediciones 1390, con un ensayo de mi autoría titulado DADAISMO (1916 – 2016), celebrábamos el centenario del movimiento, en lo cual expresé: “Uno de los principales caracteres de los dadaístas, el cual permanece aún en el arte de nuestros días, fue el talento editorial de crear publicaciones, producir libros y revistas. El escritor rumano Tristan Tzara publicó en esos años la revista DADA, cuyos dos números iniciales aparecieron en Zurich en 1917, el tercero en 1918, y los 4 y 5 conocidos como la “Antología DADA”, fueron los últimos en publicarse en aquella ciudad suiza, antes de establecerse en París y ser asumida por las revistas surrealistas” (Quirós 2016. P12).

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.

De manera que, avistar hacia esos “altares” del conocimiento, el “Archivo de Raúl”, 2018, forcejeó un cruce de vectores de la memoria y la motivación para hacer, para producir, para ver reflejado el pensamiento propio respecto al arte, y, fundamental, la idea de legar esos registros a las futuras generaciones. Creo que, dentro del encuadre estético y programa de vida de Quintanilla, “No tiene Nombre”, legitima lo que hoy encuentra mayor interés y, que, cada día se adhiere a los aspectos educativos de las muestras e instituciones del arte contemporáneo.

Volviendo a la referencia entresacada de mi ensayo de 2016, ahí agrego:
Otra de esas publicaciones fue la “391”, revista que apareció en enero de 1917 en Barcelona, establecida por Francis Picabia quien publicó las primeras cuatro ediciones hasta 1924. El título deriva del periódico “291” de Nueva York, dirigido por Alfred Stieglizt, en el cual Picabia fue colaborador. Se comenta que la “391” contó con importantes contribuciones de Man Ray y Marcel Duchamp, pero permanecía esencialmente la expresión del ingenioso y enérgico Francis Picabia, quien escribía con un lenguaje agresivo quizás influido por Alfred Jarry y Guillermo Apolinare. Se comenta además que aquel entusiasmo editorial de Picabia, lo llevó a publicar otros proyectos como el “Manifiesto Canival Dadá” aparecido en 1920” (Quirós 2016. P13).

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.

Otros registros
Tuve muy presente en esa visita a la Sala III del MADC, al maestro “nica/tico” Rolando Castellón, con su también impresionante archivo y registro “ARTSéum Zapote y ARTSéum La Garita”, con libros e impresos, instalados con objetos y piezas de su autoría en un continuumen el cual filtra la intensidad de su existencia. Dicho archivo es una verdadera biblioteca del arte actual, donde es central su revista “Cenizas”, publicada en varios números y bajas series encuadernadas a mano; con cada inserción de un trazo, o collage, las hace únicas, originales, genuinas formas de producir documentación. Además de libros impresos por él, también en bajas series y hechos totalmente a mano.

Quintanilla en el archivo
Volviendo a la Sala III del MADC, ahí se registra y exhibe el pensamiento crítico del maestro, sus disidencias, disensos, actitud contestaría de un individuo poseedor de profundo pensamiento crítico. Está su producción editorial con “La Pluma del Cuervo” (1986-1989) y la “Idi@yPuej" (1987-1989). “ArteFacto” (1999-2002). “Estrago” (2003-2010). “Malagana” (2013), entre otras. Una vida de cultivar la palabra, y hacerlo con actitud “Cons/Des-tructiva”, en la medida que señala lo que está flojo y debe mejorar, pero también lo que merece mantenerse y crecer exponencialmente.

Archivo de Raúl. Sala III del MADC. Foto cortesía del museo.

Y para cerrar con esta reflexión, esas memorias me encienden, compruebo que no estamos solos, en esa necesidad de perpetuar la experiencia creativa a través de la producción de impresos, y de levantar altares a la memoria. Y como todo altar se entronizan santos, en el “Archivo de Raúl” son abundantes el ícono de Julio César Sandino, (San Sandino) en diversos papeles, impresos y soportes. Ése es un carácter propio de lo actual, dejar de hacerlo nos haría incompletos, discontinuos, en tanto es una acción dentro del complejo sistema de las prácticas artísticas contemporáneas donde quien no produce nada, no existe..